Antología Crítica

1969

J. R. L.
O Século
Lisboa, 20 de Junio de 1969

Navelgas, 1961.
Óleo/tabla. 55 x 40 cm

Prácticamente desconocido entre nosotros, la obra de García Linares se ha granjeado ya, en su país y en Francia, un prestigio que, por la muestra que nos es presentada, nada tiene de injusto. La distorsión expresionista con que Linares procura transmitirnos su visión crítica de una realidad subyacente a sí misma, junto a la utilización de los recursos tradicionales del figurativismo, consiguen imprimir en la tela toda su hostilidad hacia las afectaciones maquiavélicas del canon estético formal que tiraniza la creatividad artística "sanguínea", impidiendo el acceso a la libertad indispensable para una expresión sincera, vivida, y la coloca los grilletes de una esclavitud donde el sentimiento no tiene lugar: la esclavitud de la materia.

García Linares logra transmitir la máxima expresión espiritualista a través de un juego de color que desprecia la forma. Sin embargo, la forma no se ausenta completamente del proceso creativo: la contemplación insistente de la obra nos permite identificar en ese aparente desprecio una búsqueda casi inconsciente de figuración. Figuración que, primero, se introduce clandestinamente en la mancha, apenas para lograr un efecto decorativo, al menos como exigencia psíquica, para después afirmarse como vehículo imprescindible para la traducción poético-panfletaria de una valoración de combate de los más minuciosos aspectos de lo cotidiano.

Si García Linares no vence etapas nuevas, consigue sin embargo reunir, en el cromatismo chillón con que decora sus telas, todo el ansia de usufructo de una libertad que, mil veces ganada, no se deja nunca tomar sin lucha.

EDUARDO SERPA
Diario de Manha
Lisboa, 21 de junio e 1969

Rincon, 1962.
Óleo/lienzo. 73 x 60 cm 
 

Manuel García Linares, nacido en una pequeña aldea de las montañas asturianas un tanto tristes, pero llenas de significado histórico, pues fue de allí de donde partió el irresistible movimiento de la Reconquista, es uno de esos artistas cuya obra es verdadero espejo de las características de la tierra que lo vio nacer.

Aumentar A pesar de haber recibido profunda influencia de la tan celebrada pintura negra de Goya, el estilo de García Linares es de un verdadero artista de vanguardia, característica que nos parece inevitable cuando pensamos en las telas del inmortal pintor aragonés, que casi dos siglos después de haber salido de la imaginación de un artista verdaderamente revolucionario todavía hoy nos impresiona por su modernidad.

Es admirable la forma como a través de largas manchas, donde predominan el gris y el verde aceituna animados algunas veces por una pincelada negra o amarilla, García Linares consigue dar una sensación de vigor a sus figuras que se mueven en una atmósfera cargada y sombría, recordando las formas de los mineros que después de largas horas pasadas en el seno de las montañas asturianas regresan cargados de polvo al exterior donde les espera un cielo plúmbeo cargado de nubes y de humo donde tantas veces cae lluvia menuda y fría.

Pintor de la realidad, como lo ha definido el crítico madrileño José de Castro Arines, ha de tenerse en cuenta como este pintor consigue expresar las realidades concretas de la vida cotidiana. García Linares es sobre todo un pintor serio a quien interesa por encima de todo expresar aquello que siente o que le impresiona, cuya obra no dejará ciertamente, de agradar a todos aquellos que buscan un arte verdadero exento de las mitificaciones con que ciertos pseudoartistas procuran burlar tanto a la crítica como al público que acude a las exposiciones de artes plásticas.

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